Con poca inspiración y sin demasiadas ganas de sentarme a escribir frente a este artilugio similar al que está delante de ti, me pongo y me propongo por el mucho tiempo que hace que no escribo nada y que aunque me parezca mentira de vez en cuando alguien me recuerda que no he escrito y me hace pensar que para darse cuenta está más pendiente que yo. Mal por mi parte, esa dejadez.
Con Sidonie, Deluxe, Iván Ferrerio o los Niños Mutantes de fondo voy entrando en calorcito y los dedos pierden su entumecimiento escritor.
Se me ocurría recurrir a la palabrería sencilla, hoy, escribiendo sobre el grandísimo cambio en usa, que propagandan los medios, pero pierdo las ganas sin ni siquiera intentar empezar. El cambio es que han pasado de presidente blanco a presidente negro, y es un hito en la historia, pero sólo eso. La pena de muerte no está entre mis valores posibles y por lo tanto no soy capaz de seguir.
En las últimas semanas han ocurrido varias cosas en nuestras vidas, una boda clown a la que dediqué la última de las entradas de este diario compartido, fue genial, gracias a quienes lo compartisteis con nosotros.
Poco después cumplí traitantos años, (esbozo una sonrisa), treintaidos. El día fue raro, no fue un buen día, un sin razón. Seguramente no fui capaz de disfrutar del momento por alguna ofuscación absurda, de la que al poco me repuse. Después de ese día disfruto de la edad, de vosotros, de los magníficos libros, de las frondosas plantas, disfrutaré en breve de las entradas de Iván Ferriro, del olor a toilette, de tantas cosas que se me olvidarán ahora, pero que tengo y comparto con mucho cariño. En esos días encontré el mejor de los regalos que existen: una sonrisa.
Busco, me busco y sí, me encuentro; aprendiendo a disfrutar de otro modo la vida.
Las plantas inmensas de belleza, las nuevas, las semillas de menta han brotado y gracias al sol y al abundante agua crecen sin demorar un instante.
La lista de libros en la cola crece, cada día. Esta pasión tardía, que nunca debí perder en la adolescencia. La perdí, por una creencia o justificación muy absurda. Pensaba yo, que las ideas de las personas, la personalidad, el origen mismo de cada uno, se ve modificado o alterado por las ideas que al leer adoptamos como nuestras. Por supuesto extendía esta idea a todos los medios de comunicación o transmisión de información. Sería el no leer, al final el no comunicarse, un recogimiento interior, para descubrir el yo. Esta justificación para no leer durante una época ahora la percibo como lesión que me dejó fuera de la práctica y de la que he regresado en mejor estado de forma. Seguramente con mi yo más receptivo y reflexivo.
Corto de golpe en este punto la escritura, sin ninguna razón. Tengo ahora sí, ganas de escribir y me abordan las frases para continuar, me las guardo en el regazo del intelecto para la próxima cita.
Disfrutar y disfrutar.
PD: Muchas felicidades para el amigo canario. ¡Ya te quedan menos para los treinta!